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  • Foto del escritorSantiago Maza

POR PRIMERA VEZ

Álbum: Por primera vez

Música: Camilo y Evaluna Montaner

Año: 2020



Esta canción tiene muchas frases —más o menos típicas— que podríamos re-dirigir a Dios.


Por ejemplo, si nos dirigimos a Jesús que espera en la Eucaristía, podríamos decirle: tengo tantas ganas, ay, de besarte en las mañanas, justo cuando te levantas (te amo). ¡Y es que comulgar es tener el cielo conmigo! Lo que quiero y necesito. Yo volví a nacer contigo. Si yo te tengo, no me falta nada…

Y después de ilusionarnos y agradecer ese súper regalo de la comunión diaria, podemos decirle en bajito, después de comulgar: para decirte cosas bonitas, siempre yo aquí estaré. Mi vida es vida solo contigo. Si tú no estás, no tiene sentido, amor. Lo que quiero y necesito: Tú y yo.


Ojalá nos demos cuenta de que lo más importante de nuestro día debería ser la Santa Misa. Que no hay nada —ni objetivamente, ni subjetivamente— más importante que hacer cada día. Que organicemos nuestro día en torno a la Misa y no sólo ir “si nos sobra tiempo”. Que contemos las horas para nuestro siguiente contacto íntimo con Jesucristo: tan largo que fue ayer y ya casi es mañana… E ir con las ganas y la emoción de la primera vez: por primera vez… lo que quiero y necesito. Por primera vez: hoy duerme el cielo conmigo. Por primera vez, yo volví a nacer contigo…


Dicho todo lo anterior, la frase más golpeadora de esta canción es: pero tengo miedo (tengo miedo), que busques a alguien perfecto, y yo tan de carne y hueso.


¿Será verdad que Dios me quiere a mi? ¿No se supone que me conoce y que sabe bien de qué estoy hecho? Lo mismo se preguntaban los fariseos cuando una pecadora lavaba los pies de Jesús: “Si éste fuera profeta, sabría con certeza quién y qué clase de mujer es la que le toca: que es una pecadora” (san Lucas 7:39).


Y escucharemos —con mucha paz— la respuesta de Jesús: “No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a la penitencia” (san Lucas 5:31-32).


Dios sabe que somos de carne y hueso y así nos quiere: así nos creó. Nos pudo haber creado como seres puramente espirituales, pero nos prefiere muy humanos: de carne y hueso, con errores y tropiezos, tercos y miserables muchas veces; orgullosos y presumidos… pero enamorados y con ganas de mejorar. “Por eso te digo: le son perdonados sus muchos pecados, porque ha amado mucho. Aquel a quien poco se le perdona, poco ama” (san Lucas 7:47).


Pero tengo miedo… En muchos momentos de la vida nos sentiremos demasiado malos, miserables y pecadores… indignos del amor de Dios. Pero no podemos tener miedo, Dios nos ama con locura. Vamos a quitarnos ese miedo de una vez por todas. Seguiremos cayendo, porque somos tan de carne y hueso… pero podemos decidir —con la ayuda de Dios, que la tenemos— levantarnos siempre: una y mil veces, por primera vez. La clave no está en no caer, sino en enamorarnos más con cada caída. En aprovechar esas caídas para construir más alto, sobre la montaña de nuestras miserias. Así, con un amor cada vez más maduro, podemos volver a decirle a Jesús: mi vida es vida solo contigo; si tú no estás, no tiene sentido, amor… Tú eres lo que quiero y necesito.

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