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  • Foto del escritorSantiago Maza

MILLONES

Álbum: Mis manos

Música: Camilo

Año: 2021



Si hubiera sido por mí, ni me atrevería… a haberte dado ese beso que me ha cambiado la vida. Dime por qué te entregaste a quien no te merecía ¿Por qué yo si en este mundo hay millones? ¿Por qué yo si tienes tantas opciones? Dime por qué conmigo, si no tiene sentido. Me gusta que cuando hablas de tu futuro estoy incluido…


Nunca nadie hubiera soñado el cristianismo. Es más, nunca nadie lo soñó. Tuvo que venir el mismo Dios a contarnos eso que soñábamos sin soñar. Y al sabernos tan queridos por Dios, especialmente los que han recibido una llamada más específica, es lógico preguntarse todo eso: ¿por qué yo?


Nos dan ganas de decirle a Dios que no somos los adecuados, que nos falta talento y condiciones, que somos tartamudos como Moisés, que somos poco sociales o influyentes, que no merecemos ser sus amigos… y al mismo tiempo nos dan ganas de gritarle: pero… ¡gracias! ¡Qué padre es sentir la mirada de un amor tan inmerecido! ¿Por qué yo? Y nos responde Dios: porque quiero. No hay más explicaciones. Dios quiere y te llama, como ha llamado a tantos y como seguirá haciendo a lo largo de la historia de la Iglesia.


Dios nos quiere en su proyecto de salvación universal. Te quiere a ti para salvar a miles de personas. ¿Sientes ese peso y esa responsabilidad de corresponder a la llamada?


Quizá si hubiera dependido de nosotros ni nos hubiéramos atrevido a plantearle a Jesús ser de sus amigos más íntimos. Por eso Él nos primerea. Se adelanta y nos sorprende de repente: ven, déjalo todo y sígueme. ¿Qué respondes?


Dime por qué conmigo (¿por qué?)… si yo no te merezco (no-no-no, no, no-no-no)… porque al hombre perfecto yo ni un poquito me le parezco.


Está muy bien sentir que no merecemos esa llamada, pues es verdad: no la merecemos. Ay, tú conoces todos mis defectos (todos). Estabas cuando no hubo presupuesto (no, no, no). Contigo yo me fui a la cima. Tú me sube' la autoestima. Y hasta de mis chistes malos tú te ríes… Y al hombre perfecto todavía no nos parecemos mucho… ¡pero esa es la invitación! Jesús —perfecto Dios y perfecto hombre— nos invita a seguirle de cerca con la idea de que seamos más como Él. Nos quiere enseñar a ser hijos de Dios y se propone a sí mismo como modelo: “Jesús muestra el hombre al hombre”.


Repito: está muy bien sentir que no merecemos ese amor de predilección, pero no podemos quedarnos ahí. Prohibido escudarnos en el no, no, no, no… si yo no te merezco! Qué triste —¡y qué tontos!— si rechazamos esa invitación tan increíble que nos hace Dios.


Es más, algunos podrían asustarse de esta invitación —en parte con razón, porque los planes de Dios siempre son magnánimos y exigen un sacrificio mayor a nuestras pobres fuerzas humanas— y pedirle que mejor mire a otro lado: Ay, dime por qué yo-yo-yo-yo-yo… Yo-yo-yo-yo, si hay mi-llo-llo-llo-nes, millones… parece broma que algunos le digan a Dios, con ironía en la voz: “no me quieras tanto”, “no me pidas seguirte tan de cerca”, “no exijas de mi este honor”.


Antes de llamarnos de manera definitiva, Dios nos va pidiendo cosas chiquitas… Por ti me veo las series que no me gustan (yeah). Te pido en Uber Eats lo que te gusta (sí). Y dejo que tu elijas la temperatura (yeah), pa' que se me congelen el pelo y las uñas… Nos pide sacrificios pequeños, normalmente cosas que hagan la vida agradable a los demás. Pero lo que quiere es que le vayamos diciendo que sí. Quiere enseñarnos a confiar en Él y a ser dóciles a su voluntad. Nos prepara… para luego pedir la vida entera, un cheque en blanco… Yeah, que yo por ti todo lo apuesto (todo). Tú brillas diferente al resto… Para siempre tú tendrás el primer puesto (número uno). A Jesús no le gusta compartir, te quiere por completo… ¿qué respondes?

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