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CONEXIÓN

  • Foto del escritor: Santiago Maza
    Santiago Maza
  • hace 19 minutos
  • 4 Min. de lectura

Álbum: Conexión

Música: Fonseca

Año: 2015



Qué bonito diálogo tempranero con Dios:


Amanecer contigo aquí / Si así es querer, quiero vivir / Y amanecer, oye, yo soy feliz / Con tu llegada llenaste de luz y alegría la vida / Yo te llevo aquí en mi corazón / Y eres un pedazo de mi alma / Te recuerdo siempre a donde voy / Sólo quiero vivir en esa paz de tu mirada…


Para muchas personas el encuentro con Dios es así: con tu llegada llenaste de luz y alegría la vida. Después de haber buscando en todos lados sin encontrarlo, después de estar muchos años en tinieblas —muchas veces sin saberlo—, de pronto: luz, sentido, dirección… y paz y alegría. Es increíble el testimonio de la gente que se convierte al estilo de san Pablo, como se abrazan a la fe y no vuelven a soltarla… solo quieren vivir en esa paz de tu mirada.


A otros nos pasa que llevamos toda la vida cerca de su luz, quizá sin valorarla adecuadamente… un poco acostumbrados a la alegría que se respira en una familia cristiana o a la paz que se siente al actuar conforme al bien y a la conciencia. Cerca de la luz pero no tan enamorados: ¿o tú sí puedes decirle a Dios, te recuerdo siempre a donde voy?


Cada quien tiene su encuentro con Jesús y todos son importantes. Piensa en los primeros cristianos… Pedro, Andrés, Santiago y Juan estaban pescando en la orilla del mar cuando los fue a buscar Jesús. Quizá san Pedro lo recordaría así: Tu calma va sin avisar / Muy cerca al mar te vi llegar… Con tu llegada llenaste de luz y alegría la vida. Jesús se mete en nuestras vidas sin avisar y nos llena con calma, luz y alegría. Seguro a san Pedro le aplican estos versos también: que éste recuerdo quede en ti toda la vida… ¿o crees que a san Pedro se le olvidaría ese encuentro tan increíble con Jesús?


Y nosotros… ¿tenemos presente ese primer encuentro con Dios? ¿Cómo fue? ¿Qué te dijo? Son preguntas válidas para nuestra oración y para ir fortaleciendo nuestra relación con Cristo.


Guarda, lo que soñamos… ¿te imaginas todas las conversaciones de Jesús con sus primeros amigos en esta línea? Seguro Jesús los haría soñar con el desarrollo de la Iglesia por todo el mundo… con miles de millones de conversiones… con misioneros recorriendo todos los continentes… con actos heroicos de montones de mártires… con miles de Misas que se celebrarían durante siglos… y les decía: recuerden que yo estaré con ustedes hasta el fin del mundo… recuérdenlo bien.


Guarda, lo que soñamos… María es un gran ejemplo, según nos cuenta el evangelio: conservaba todas estas cosas en su corazón. Guardaba ahí recuerdos de la infancia, que seguro incluían los sueños de Jesús.


Guarda, lo que soñamos… ¿Tú sueñas con Jesús? No si sueñas sobre Él, sino con Él. ¿Platicas con Jesús sobre el futuro? ¿Sobre tus planes y sobre los suyos? ¿Sobre la expansión de la Iglesia y tu posible participación en ese mega proyecto? ¿Sueñas con que Jesús te invite a ser parte de su equipo? Para guardar todos esos sueños, primero hay que tenerlos… y Jesús los tiene. Sueña contigo, con tu capacidad de querer, con tu voluntad de hacer el bien, con tu deseo de levantarte después de cada caída… Jesús sueña con tu santidad. Guarda, lo que soñamos / Sabiendo que aquí hay alguien que nunca te olvida. Él no te olvida… ¿tú a Él?


Guarda, lo que soñamos / Sabiendo que aquí hay alguien que nunca te olvida / Que no espera nada a cambio / Ve curando tus heridas / Y hay una conexión, más allá del corazón…


Entre dos seres humanos que se enamoran hay una conexión increíble… pero entre un hombre y Dios… hay una conexión, más allá del corazón…


Es difícil describirlo, pero es una conexión a lo divino. Nos endiosamos en el amor. Ya no es un amor humano, ¡es un amor divino! Y Jesús nos quiere con ese amor sobrenatural que pasa por encima de todas nuestras limitaciones humanas. Nos quiere a lo grande. Y por eso es fácil responder: Si así es querer, quiero vivir.


Quiero vivir en tu amor… díselo despacio y saboreando esas palabras: quiero vivir contigo, vivir enamorado de ti, vivir en tu amor… Si así es querer, quiero vivir / Verte reír, oye, eso es vivir / Con tu llegada llenaste de luz y alegría la vida.


Quizá ahora sí se lo podemos decir un poco más convencidos: Yo te llevo aquí en mi corazón / Y eres un pedazo de mi alma / Yo te llevo siempre a donde voy / Sólo quiero vivir en esa paz de tu mirada.


Ahora escucha a Dios que te responde: Duerme, entre mis brazos. ¡Que maravilla! A veces imaginamos que Dios nos pide una santidad súper complicada, llena de “cosas” enormes… cuando lo primero que nos pide es esto: duerme, entre mis brazos. Te acordarás de Marta, la amiga de Jesús, que pide el apoyo de su hermana María. Y Jesús le dice: Marta, Marta. Muchas cosas te afanan, pero solo una es importante. María escogió la mejor parte y nadie se la quitará… Duerme, entre mis brazos / Que éste recuerdo quede en ti toda la vida.


Ya llegarán todas esas grandes aventuras con Jesús, pero para empezar, duerme, entre mis brazos… Quédate tranquilo a su lado; búscalo oculto en la Hostia; descansa ante el sagrario. Dile: sólo quiero vivir en esa paz de tu mirada… Y verás como, con el tiempo, se desarrolla esa conexión ¡más allá del corazón!

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