HAY UN UNIVERSO DE PEQUEÑAS COSAS
- Santiago Maza

- hace 5 horas
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| Alejandro Sanz (2000) |
Hoy es muy común encontrar personas que dicen no tener tiempo para Dios por estar en las cosas del mundo. Normalmente no dicen “las cosas del mundo”, pero se refieren al trabajo, a las relaciones sociales y a los hobbies… principalmente. “No tengo tiempo para ir a Misa porque hay comida en casa de mis suegros y luego partidos de americano”. “No pude rezar hoy porque tuve mucho trabajo”. “Dejé de ir a la clase de formación o a dirección espiritual porque me salió una junta, me surgió una emergencia, no terminé los pendientes”… o lo que sea. Qué fácil es distraernos con las personas, con las cosas y olvidarnos de Dios.
Evidentemente eso no tendría que ser así. Pero la solución no va únicamente por dejar esas buenas relaciones y trabajos demandantes de lado. Recordatorio importante: Dios nos regaló un mundo que es bueno. Es bueno en sí mismo, pero además, esconde o refleja —como todos los regalos— el amor de quien nos lo regala.
Analizando el mundo, quizá lo primero que salta a la vista es que el mundo es enorme. No nos lo acabamos: selvas, playas, montañas, desiertos, estrellas, planetas, tigres, águilas… y personas en todas las presentaciones posibles.
Llegamos así a los primeros versos de la canción de Alejandro Sanz: ¿Por qué hay estrellas que brillan / pero no se ven? / Y existe gente que nunca / llego a conocer…
¡El mundo es inmenso! No te lo acabas. Y eso que solo estamos hablando de lo visible. ¿Cómo será todo lo invisible? A partir de aquí podríamos hablar en muchos sentidos, pero quiero seguir la línea que marcábamos antes: el mundo esconde y refleja el amor de Dios por nosotros… ¡pero hay que saber verlo! De niños teníamos esto muy claro y por eso las búsquedas del tesoro nos gustaban.
Hay un universo de pequeñas cosas / que sólo se despiertan / cuando tú las nombras / Todo lo que es bello / está esperando tu mirada / Tengo una caricia / que sin ti se me derrama…
Me recuerda a Dios encargando el mundo a Adán. Dice el Génesis (2, 19-20): “El Señor Dios formó de la tierra todos los animales del campo y todas las aves del cielo, y los llevó ante el hombre para ver cómo los llamaba, de modo que cada ser vivo tuviera el nombre que él le hubiera impuesto. Y el hombre puso nombre a todos los ganados, a las aves del cielo y a todas las fieras del campo...”
Dios nos ha traído al mundo para entenderlo: ponerle nombre; identificarlo. Luego para trabajarlo y darle gloria a Dios. Todo lo que es bello está esperando tu mirada… ¡Qué bonita frase para entender cómo hay que mirar al mundo! Todo lo que es bello en el mundo está esperando tu mirada para que reconozcas detrás de ello la belleza de Dios. Es esa mirada la que nos ayuda a descubrir ese “algo divino que en los detalles se encierra”, del que hablaba san Josemaría.
Seguimos con la canción como si Dios insistiera: ¿Y ya no te acuerdas (…) / cuando te hablé / de mi universo? / No me creías… / Que existen los rincones / donde el amor esconde / Todo un universo de pequeñas cosas / en él me está esperando…
En esto consiste nuestra relación con el mundo: descubrir el amor que Dios nos tiene, aceptarlo y promoverlo para que de muchos frutos. Se entiende que amamos el mundo por amor al que nos lo regala. Nadie querría más al playstation o al coche que a sus papás que se lo regalaron… y si sí, es un desorden. Ninguna novia quiere mas a las rosas o la joyería que al novio… y si sí, es un desorden. No se vale querer mas al dinero que al amigo que te lo presta… pero si sí, es un desorden.
Nos gusta el mundo porque nos lleva a Dios y nos acerca a las demás personas que lo habitan. Tenemos “alma sacerdotal” cuando queremos llevar todo a Dios como Cristo en la cruz. “Alma” de “sacerdotes” si lo que nos anima (así se dice alma en latín) es el deseo de ser intermediarios entre Dios y el mundo. Lo padre del mundo es referirlo a Dios, no quedarnos en él. Qué triste sería contentarnos con el reflejo en el espejo y no con la persona misma.
Ese deseo es el que muchos cristianos manifiestan en una oración llamada Trium puerórum (tres jóvenes). Van algunos de sus versos:
Bendecid al Señor, todas las obras del Señor; alabadle y ensalzadle por siempre.
Bendecid al Señor, el fuego y el calor; frío y calor, bendecid al Señor.
Bendecid al Señor, luz y tinieblas; rayos y nubes, bendecid al Señor.
Bendecid al Señor, mares y ríos; fuentes, bendecid al Señor.
Bendecid al Señor, todos los animales y ganados; bendecid, hijos de los hombres, al Señor.
Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo; alabémosle y ensalcémosle para siempre.
Alejandro Sanz suma uno a esa secuencia: Son los azules heridos del amanecer / Se desprenden del cielo arañándome.
Si estos versos se leen sin imaginación quedan súper secos. Así que pon a trabajar la tuya. Imagina el fuego de la fogata en la playa… pero dando gloria a Dios: iluminando y calentando a ese grupo de amigos —hijos de Dios— que se reúnen a contar historias. Imagina esos ríos que dan gloria a Dios saciando la sed de tantas criaturas de la tierra… también a ti, cuando tomas un vaso delicioso después de hacer ejercicio. Imagina ese perro que da gloria a Dios alegrando el día de su dueño. Y ahora imagina a los seres humanos dando gloria a Dios: ayudando a terminar la tarea a un amigo, sonriendo a la viejita de Misa, trabajando en algún proyecto que hace más fácil la vida de los demás, dejando el dulce favorito a tu hermano…
Hay un universo de pequeñas cosas / que sólo se despiertan / cuando tú las nombras / Todo lo que es bello / está esperando tu mirada…
¡Qué importante es nuestra mirada! Saber encontrar a Dios en el mundo depende de ello. Evidentemente es la mirada del corazón… que es la que reclama Jesús a los fariseos: ¡ciegos! Tienen ojos y no ven. Por eso ven a ver, ¡conmigo el sol aquel! Ven conmigo a ver a Dios. Ese es el destino final: mirar a Dios cara a cara. Pero ya desde ahora lo podemos encontrar en el mundo que nos rodea… especialmente en las personas con quienes convivimos.
Dios nos promete esa convivencia eterna… Si yo te juro / vida mía, que puedo hacer / de este universo para ti, uno bien… Como si nos dijera Dios, ¿te gusta este universo? ¡Espérate al siguiente! Este es bueno, “Dios vio que era bueno”, ¡pero agárrate con la vida eterna! Que puede ser / Tú, y yo y el cielo, el cielo, aquel…



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