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AMOR CORRESPONDIDO

  • Foto del escritor: Santiago Maza
    Santiago Maza
  • 9 ene
  • 3 Min. de lectura

Álbum: Corazón

Música: Santana (con Diego Torres)

Año: 2014



Esta vez empezó al revés: primero leí un texto y luego encontré la canción… o mejor dicho, el texto apuntó explícitamente a la canción.


Dios está buscando incesantemente corazones dispuestos a recibir los dones que les tiene preparados para llevarlos a su intimidad. Su más profundo deseo es hacerlos felices con la felicidad con la que Él mismo es feliz.


Pero no podrá hacerlo si el alma desoye su invitación: el 'Señor de toda cortesía' jamás traspasa el umbral que le señala la libertad de su criatura. Cuando su Amor es despreciado, una misteriosa forma de dolor se vierte sobre el Corazón divino.


Cuando es aceptado, Él recibe una forma nueva de consuelo, también misteriosa: la del amor correspondido.


Y ahora podemos seguir la letra de la canción para imaginar a Dios: Fui bajo las estrellas y te canté al oído / Y desnudé mi alma para que tú entiendas que te necesito / Lo nuestro es una historia de sueños infinitos.


El Creador del universo se acerca a cantarte al oído. No le basta vernos de lejos, se hace hombre para que “le pongamos cara” y así entendamos las ganas que tiene de entrar en relación con nosotros. La Santísima Trinidad lleva soñando con nosotros desde siempre y tiene sueños infinitos para nosotros. ¡Tiene tanto planeado! Nadie sabe cómo será el cielo… pero probablemente será una historia de sueños infinitos.


¿Qué sientes ahora que Dios te canta al oído? ¡Mi corazón se acelera, se enciende, se eleva cuando estoy contigo! Es Dios… y se emociona con nuestro amor. ¿No te pone la piel chinita? Dios se muere de ganas de estar con nosotros. Mi corazón desespera, te ama, se entrega y se siente vivo. El Sagrado Corazón de Jesús sufre y “desespera” cuando nos alejamos… pero nos ama con locura, se entrega en la cruz como consecuencia de ello y se siente vivo… especialmente, cuando correspondemos. No hay nada más hermoso que sentir amor, amor correspondido.


Y como la canción habla de correspondencia, podemos ahora imaginar nuestra respuesta: Una caricia tuya es como un aguacero / Me hace tanto bien que en el amanecer despierta mi universo / Es como un premio a mis sentidos / Esta sensación.


Dios ha creado todo el universo para nosotros… y todo el universo manifiesta el cariño que nos tiene. Toda la creación es como una caricia de Dios. Y al reconocer en todo lo que nos rodea a nuestro creador y más grande admirador, no podemos reaccionar de otra manera: Mi corazón se acelera, se enciende, se eleva cuando estoy contigo. ¡Emociónate de saberte tan amado y admirado por Dios! Y ojalá eso haga que queramos estar cerca de Él más tiempo y con más atención. Mi corazón desespera, te ama y se entrega y se siente vivo / No hay nada más hermoso que sentir amor, amor correspondido.


Atención a esta frase: Me enfrento solo al dolor en este mundo de hoy si tú no estás conmigo. El problema de la existencia del dolor ha alejado de Dios a muchas personas: si Dios es infinitamente bueno y todopoderoso, ¿por qué existe el dolor? ¿por qué permite el sufrimiento? Al mismo tiempo, esta misma inquietud ha provocado muchas conversiones en gente que ha encontrado en el cristianismo la única respuesta convincente.


En el frío de la noche yo seré tu abrigo / El lucero que te guía siempre en el camino.


Curiosamente Dios no elimina el frío, quiere ser nuestro abrigo. No elimina la obscuridad, quiere ser luz. No elimina el dolor, —vamos a aprovechar la canción: Me enfrento solo al dolor en este mundo de hoy si tú no estás conmigo— sino que lo quiere compartir con nosotros. No elimina el mal porque tendría que eliminar nuestra libertad y eso anularía la posibilidad de amar… pero se hace hombre y se sube a una cruz para compartir el dolor de la humanidad. Nos compadece… padeciendo en la cruz. En la cruz sufre físicamente, pero también sufre cosas que a veces duelen mas: el desprecio de los seres queridos, la traición de los amigos, el abucheo de la gente… la soledad: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?


Pues aunque a veces parece que Dios se aleja,  nunca nos abandona: Me enfrento solo al dolor en este mundo de hoy si tú no estás conmigo… y sería una tontería si nosotros nos apartamos de Él para enfrentar solos el dolor en este mundo. Qué bien nos hace contemplar un crucifijo para sabernos acompañados en el dolor. Qué gran ayuda y qué bonita devoción la de apretar un crucifijo entre las manos, besar cada una de las llagas —imaginando las heridas reales de Cristo—, llorar un poco para comprender que no estamos solos… y luego, para desear nunca dejarlo solo. No hay nada más hermoso que sentir amor, amor correspondido.

 
 
 

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